Aunque las bases siguen siendo las mismas, nuevos desarrollos están mejorando la eficiencia de sistemas clave como el riego, las máquinas de viento y los productos de aplicación.
Si bien las tecnologías disponibles en el mercado para combatir estos fenómenos, en general, siguen siendo las mismas que hace 15 años, en el último tiempo los esfuerzos de la industria han apuntado a mejorar su eficiencia.
“El fuego ha evolucionado desde las quemas hacia formas más eficientes de combustión, como el calefactor central. Las máquinas de viento actuales se ven similares a las de hace 10 años, pero hoy operan con motores más eficientes, y sus hélices se optimizan constantemente para lograr mayor eficiencia y menor ruido, además de incorporar más sensores.”, afirma Germán González, gerente de la división agrícola de Tecnipak, empresa que comercializa tecnología de control de heladas en el país.
Algo similar ha ocurrido con otras tecnologías, como el control por agua, que gracias a avances tecnológicos ha logrado reducir de forma significativa el consumo.
Entre las herramientas más nuevas figuran algunos productos de aplicación directa sobre las plantas que, a través de aminoácidos u otras sustancias, fortalecen sus tejidos celulares, mejoran sus defensas y las preparan para resistir el estrés del frío extremo.
El poder del agua
Dentro de los distintos sistemas de control de heladas existentes, uno de los que más destaca es el riego por aspersión, el cual actúa a través del agua y su capacidad de liberar calor durante el proceso de congelamiento, evitando que las plantas se expongan a temperaturas que puedan dañarlas.
“Nosotros con este sistema emulamos la lluvia, mojando toda el área, lo que permite que se genere un efecto en que las gotas transfieren calor al medio. El sistema se prende cuando la temperatura está a 2°C y se apaga cuando el hielo ya se ha ido, lo que muchas veces ocurre en la mañana del día siguiente”, señala Felipe Cáceres, gerente general de Tierra Verde, empresa de ingeniería hidráulica, especialista en riego y que comercializa tecnología para el control de heladas.
Según Cáceres, el riego por aspersión es, por lejos, la herramienta más efectiva para el control de heladas, debido a que es capaz de brindar protección contra todos los tipos de heladas.
“Además, es más barato que otros sistemas como las torres, cuyo funcionamiento también es mucho más caro, ya que necesita combustible. Esto sin considerar que, cuando hay heladas polares, se requieren calefactores”, indica Cáceres.
Para el ejecutivo, lo mejor es que en la actualidad los sistemas más nuevos basados en riego por aspersión pueden proteger a las plantas de las heladas usando un tercio o menos de agua que la tecnología original, gracias a la incorporación de tecnologías de alta eficiencia.
“Este sistema de riego de bajo volumen se logra gracias a un pulsador, que es un microaspersor de caudal intermitente, y un distribuidor especial de agua”, afirma.
Lo anterior es sumamente importante si se considera que los sistemas de aspersión tradicionales, al estar encendidos por largos periodos de tiempo en los predios, no sólo consumen altas cantidades de agua, sino que pueden producir encharcamientos y derivar en enfermedades asociadas al exceso de humedad en las raíces de las plantas.
Pero el riego por microaspersión no solo permite controlar heladas.
Felipe Cáceres comenta que desde hace un par de temporadas vienen probando este sistema como un método de enfriamiento evaporativo, permitiendo que pueda ser usado para mejorar las condiciones de acumulación de frío en otoño e invierno.
“Hemos visto que el sistema se puede usar en días cuando, por ejemplo, tenemos temperaturas bajo 7°C, pero posteriormente estas suben a más de 14°C. De esta forma, en los momentos de mayor temperatura, este sistema permite bajar el ambiente en alrededor de 6°C, evitando que se afecte el proceso de acumulación de horas frío”, explica Cáceres.
Cáceres comenta que el costo de este sistema, que es utilizado principalmente en frutales como cerezos, paltos y cítricos, alcanza aproximadamente los 4.000 dólares por hectárea y su implementación está sujeta a una serie de requisitos.
“Es fundamental que el campo tenga una fuente de agua en invierno o en periodos de heladas, lo que puede ser un problema en algunas zonas si consideramos que la Dirección General de Aguas cierra los canales superficiales en invierno. Además, se debe contar con un sistema de riego por goteo, ya que aprovechamos la infraestructura existente de este sistema”, explica Cáceres.
El ejecutivo comenta que en la actualidad existen alrededor de 2.000 hectáreas bajo este sistema de protección en el país.
Viento y calefacción
Otra de las herramientas que se suelen usar en los huertos frutícolas para el combate de las heladas son las máquinas de viento, una tecnología que mezcla el aire frío que se encuentra a nivel del suelo con el aire más templado de la capa de inversión térmica, haciendo que la temperatura descienda más lentamente y evitando así el efecto de la helada en las plantas.
Las máquinas de viento están compuestas por una hélice montada sobre una torre de más de 10 metros de altura y son capaces de mantener una temperatura cercana a los 2°C, entregando cobertura en una superficie que puede variar entre 5 y 7 hectáreas, dependiendo del modelo y las condiciones particulares del huerto.
Cabe destacar que estas máquinas, dependiendo de su origen y modelo, funcionan con gas, diésel o electricidad y tienen distintas potencias. De hecho, quienes las conocen de cerca señalan que una de las desventajas de estos sistemas es que emiten bastante ruido, por lo que su uso puede ser complejo en zonas donde los campos colindan con áreas residenciales.
Germán González comenta que afortunadamente estos equipos continuarán perfeccionándose en el futuro, aunque advierte que hay que tener paciencia.
“En el caso de las máquinas de viento, se ha trabajado en la electrificación de los equipos; sin embargo, la potencia requerida para su operación sigue siendo demasiado elevada como para sustituir completamente los motores a combustión sin sacrificar cobertura”, indica.
El ejecutivo también comenta que la caída del negocio de las cerezas ha afectado severamente la demanda por equipos nuevos.
“Sin embargo, esto también ha impulsado el mercado de máquinas de viento de segunda mano, lo que está permitiendo que esta tecnología llegue a huertos que anteriormente no la consideraban una opción”, indica González.
Dentro de las innovaciones, González comenta que en la actualidad la empresa que representa dispone de monitoreo y control remoto para las máquinas de viento.
“Esta es una opción muy atractiva en huertos de gran superficie, ya que facilita enormemente la logística de operación. Este sistema se gestiona a través de una app en el celular, lo que lo hace muy conveniente”, señala.
Una tecnología complementaria para estas máquinas de viento son los calefactores centrales, los cuales pueden acoplarse a la estructura principal.
“Estos permiten mejorar el desempeño de las máquinas de viento cuando es necesario enfrentar heladas severas”, dice González.
Cabe destacar que estos equipos corresponden a sistemas que se instalan bajo una máquina de viento y aportan calor justo en ese punto. De esa forma, el calor asciende y la máquina de viento lo distribuye sobre el huerto.

Dentro de las soluciones más nuevas para el control de heladas figuran distintos productos de aplicación, los cuales no “generan calor” por sí mismos (como sí lo hacen algunos sistemas activos), sino que operan sobre principios físicos y fisiológicos que ayudan a la planta a tolerar mejor el frío o a reducir la formación de hielo.
Así, por ejemplo, muchos de los productos que existen hoy en el mercado contienen sustancias bioestimulantes que basan su funcionamiento en el fortalecimiento de la planta. Otros, en tanto, corresponden a compuestos que actúan como películas o polímeros protectores del tejido vegetal frente a eventos de bajas temperaturas.
En ese universo, uno de los más conocidos y consolidados del mercado -con casi 30 años- es ColdKiller, un producto líquido de tipo nutricional que aumenta la resistencia de los tejidos vegetales para soportar fríos extremos.
“Este producto actúa principalmente modificando la densidad del agua al interior del tejido vegetal para bajar el punto de congelación. En otras palabras, aumenta la resistencia del propio tejido y permite enfrentar descensos de temperatura más bruscos que podrían dejar a la planta susceptible a morir”, afirma Carolina Bustos, gerente general de la empresa.
La ejecutiva comenta que la naturaleza de este producto es preventiva, por lo que la mejor forma de utilizarlo es calendarizando sus aplicaciones, comenzando cuando empiezan a descender las temperaturas hacia fines de marzo.
“Hay que comenzar a usarlo apenas exista tejido vegetativo con capacidad de absorción. Así, por ejemplo, en especies caducas, desde yema algodonosa cuando ya es posible absorber este tipo de producto. En los perennes, en tanto, como siempre hay hojas, existe de forma permanente la posibilidad de absorción. En cultivos como hortalizas o forrajeras, se puede aplicar una vez que presenten dos hojas verdaderas”, indica Bustos.
Carolina Bustos comenta que las pruebas han demostrado que su producto es capaz de evitar daños severos en distintas especies bajo condiciones de hasta 5 horas a -3°C y con niveles muy bajos de humedad.
Fuente: El Mercurio Campo
https://www.elmercurio.com/Campo/Noticias/Noticias/2026/05/05/910345/evolucion-control-de-heladas.aspx














