Ballicas con endófitos de última generación, leguminosas más persistentes y alfalfas adaptadas a la sequía forman parte de la nueva oferta genética que busca responder a los desafíos productivos y climáticos de la ganadería moderna.
“Actualmente, la renovación genética en forrajeras es bastante dinámica. Dependiendo de la especie y del programa de breeding, una nueva variedad puede liberarse comercialmente cada 5 a 10 años, aunque el proceso completo de desarrollo puede tomar más de una década debido a la necesidad de evaluar persistencia y comportamiento productivo en distintas condiciones agroclimáticas”, afirma Jean Pierre Loustau, product manager de Semillas para Osorno de Cooprinsem.
Así, hoy el foco de los desarrollos ya no está únicamente en producir más kilos de materia seca, sino también en mejorar aspectos como la eficiencia de utilización, la estabilidad estacional, la persistencia bajo pastoreo intensivo, la calidad nutricional y la tolerancia a las nuevas condiciones derivadas del cambio climático, especialmente el déficit hídrico.
“El cambio climático es muy complejo: hay menos precipitaciones y su distribución ha cambiado. También tenemos más radiación y mayores temperaturas durante la época estival, por lo que estos aspectos, por supuesto, son altamente valorados en el proceso de desarrollo de nueva genética”, indica César Asenjo, gerente comercial de SG 2000.
Hoy, la elección varietal en los sistemas ganaderos modernos se ha transformado en una decisión altamente estratégica, ya que determinará, en gran medida, la productividad y rentabilidad del sistema.
“Sin embargo, es importante destacar que los ganaderos son muy precavidos al momento de cambiar variedades que han demostrado su éxito en sus campos, ya que de ninguna manera están dispuestos a poner en riesgo la alimentación de sus animales. Por ello, el reemplazo varietal se implementa con mucho cuidado y en ciclos muy largos”, asegura Francisco Villalón, gerente general de A.C. Baldrich.
Ballicas y endófitos
Dentro de las especies que concentran los desarrollos más innovadores aparecen las ballicas, cuyas semillas más recientes están incorporando agentes biológicos.
En ballicas perennes, por ejemplo, el uso de semillas con hongos endófitos se ha vuelto cada vez más común y relevante debido al impacto de plagas como el gorgojo argentino (Listronotusbonariensis) sobre la persistencia de las praderas.
En ese contexto, destaca el desarrollo de variedades con tecnología RGT 18 que impulsa SG 2000 y que contempla hongos endófitos de nueva generación.
“Los hongos endófitos más antiguos cumplían la función de controlar insectos de suelo, pero provocaban enfermedades en los animales debido a la presencia de neurotoxinas. Esta nueva generación de hongos endófitos, que ha sido evaluada durante al menos dos temporadas, es muy distinta y segura para los animales”, afirma César Asenjo.
El ejecutivo agrega que estas forrajeras, además, se caracterizan por ser más digestibles y contar con una composición nutricional de alto impacto, con carbohidratos solubles, mejores fibras y una relación hoja-tallo más favorable. Como consecuencia, ofrecen una mejor eficiencia ruminal y una mayor productividad.
Dentro de los materiales que impulsa Cooprinsem en este segmento destaca Stampede CM142, una ballica perenne diploide de floración tardía desarrollada por Cropmark Seeds, que entrega altos niveles de persistencia, productividad y protección frente a insectos mediante el nuevo endófito CM142. Este representa una nueva generación en la simbiosis planta-endófito, ya que logra compatibilizar una alta protección contra plagas con elevados estándares de seguridad animal y desempeño productivo.
“Stampede presenta una alta densidad de macollos, excelente crecimiento invernal y primaveral, fuerte rebrote otoñal y sobresaliente tolerancia a roya. Además, su capacidad para mantener la persistencia bajo presión de insectos y pastoreo intensivo lo posiciona como un material altamente adaptado a sistemas ganaderos modernos, donde la longevidad de la pradera se ha transformado en un factor crítico de rentabilidad”, explica Jean Pierre Loustau.
Otras opciones
Dentro de las nuevas ballicas también destaca Amass, un material de rotación corta orientado a una alta producción de forraje, versátil en su utilización y con requerimientos nutricionales medios, desarrollado por la empresa australiana Valley Seeds.
“Su principal ventaja es que es una ballica muy equilibrada durante los dos años que dura su ciclo productivo, por lo que genera una alta producción de forraje en un período relativamente corto”, indica Abraham Uribe, asesor en forrajeras de Semillas SEK, empresa que comercializa esta variedad.
El experto señala que la productividad de esta variedad, que se ha probado con muy buenos resultados desde Chillán hasta Puerto Montt, puede alcanzar entre 14 y 16 toneladas de materia seca por hectárea al año.
También destaca su alta calidad nutricional, con promedios cercanos a 2,8 Mcal/kg de materia seca y alrededor de 25% de proteína cruda.
Otro de los materiales nuevos que impulsa SEK es Violet, una ballica híbrida tetraploide de floración tardía, que se adapta bien a suelos de menor fertilidad y cuyo manejo puede realizarse tanto mediante pastoreo como corte.
Entre las ballicas perennes más recientes, Uribe destaca Caretaker II, una variedad triploide de floración semitardía.
“Esta variedad se adapta muy bien a sistemas pastoriles o de ganadería intensiva. Además, puede asociarse con otras leguminosas. De hecho, es recomendable acompañarla con 4 o 5 kg de trébol blanco”, indica Uribe.
Dentro de los materiales comercializados por Cooprinsem, Jean Pierre Loustau destaca Align AR1, una ballica perenne tetraploide extremadamente tardía, desarrollada por Agricom, que se caracteriza por combinar altos niveles de producción anual con una arquitectura mucho más densa que las tetraploides tradicionales. Una de sus principales ventajas es su capacidad para mantener cobertura y persistencia durante el invierno y la primavera temprana, períodos en los que históricamente las tetraploides han sido más susceptibles al daño por pisoteo y exceso de humedad.
“Align AR1 destaca además por su excelente tolerancia a roya, fuerte crecimiento estival y otoñal, alta calidad nutricional y capacidad de mantenerse en estado vegetativo por más tiempo, reduciendo la emisión excesiva de espigas y favoreciendo una mejor utilización del forraje. Comparada con materiales más antiguos, entrega una combinación mucho más equilibrada entre producción, persistencia y resiliencia bajo sistemas de pastoreo intensivo”, indica Jean Pierre Loustau.
Pero el mejoramiento genético no sólo avanza por el lado de las ballicas. El INIA, por ejemplo, también ha desarrollado nuevos materiales de gramíneas. Así, en los últimos años trabajó con una especie nativa de bromo, una gramínea adaptada a las condiciones del país, dando origen a dos variedades que actualmente se comercializan en una mezcla denominada Poker INIA.
“Como se trata de un material nativo del Cono Sur, presenta una muy buena adaptación a nuestras condiciones, por lo que tolera adecuadamente el estrés térmico y la sequía estival. Además, es altamente persistente y responde muy bien al pastoreo”, explica Fernando Ortega, director regional de INIA Carillanca.
Si bien esta mezcla se recomienda preferentemente para ganado de carne, también puede ser utilizada en ganado lechero durante la etapa de vaca seca o en animales en crecimiento.
“La calidad, siendo muy buena, no supera a la de la ballica. Sin embargo, tiene un alto potencial de rendimiento forrajero, requiere menos fertilización y se adapta muy bien al pastoreo frecuente e intensivo. Además, presenta una elevada persistencia”, sostiene Ortega.

Un impulso a las leguminosas
Los expertos coinciden en que una parte importante de las praderas de Chile son monofíticas, es decir, están compuestas por una sola especie forrajera, generalmente ballicas o festucas de alta productividad, dejando de lado otras alternativas como las leguminosas.
“Desde el punto de vista agronómico, la recomendación es integrar distintas especies, de modo que gramíneas y leguminosas generen una sinergia. Así, las leguminosas aportan nitrógeno al sistema productivo”, indica César Asenjo.
Dentro del mercado, una de las leguminosas que más atención está despertando entre los productores es Attribute, un trébol blanco de hoja mediana a grande desarrollado por Agricom a partir de líneas élite seleccionadas por persistencia, densidad foliar y productividad bajo distintos sistemas de pastoreo. Esta variedad representa una nueva generación de tréboles blancos orientados a convivir eficientemente con ballicas modernas de alta densidad y elevado potencial productivo.
“Uno de los principales atributos de este material es su capacidad para mantener competitividad dentro de la pradera durante otoño e invierno, períodos en los que muchos tréboles tradicionales tienden a perder participación frente al crecimiento agresivo de las gramíneas. Además, presenta una excelente producción anual de materia seca, alta persistencia y adaptación tanto a pastoreo rotativo como a sistemas más restrictivos”, indica Jean Pierre Loustau.
El INIA también ha realizado importantes aportes al desarrollo genético de las leguminosas. De hecho, su lanzamiento más reciente -que comenzará a comercializarse este año- es Perduro, una variedad de trébol rosado sintético diploide de floración intermedia, que destaca por su alta persistencia, excelente rendimiento forrajero, adaptabilidad al corte y al pastoreo rotativo, y una baja incidencia de oídio (alrededor de 1%).
“Al estar mejor adaptada a las condiciones nacionales, en lugar de durar dos años como ocurre con variedades más antiguas, esta empastada puede mantenerse durante tres, cuatro e incluso cinco años, dependiendo de las condiciones de humedad. Esto permite obtener un mejor rendimiento por temporada y también un mejor rendimiento acumulado. En los últimos años, en su tercer año productivo, hemos logrado rendimientos récord, superando, en cultivos bajo riego, los 20 mil kilos de materia seca por hectárea al año. Sin riego, esa cifra alcanza entre 11 y 12 mil kilos de materia seca por hectárea al año”, explica Fernando Ortega.
El experto comenta que esta variedad, además de ofrecer una muy buena productividad, prácticamente no requiere fertilización.
“Sólo se aplican 30 unidades de nitrógeno durante el establecimiento, lo que representa una excelente noticia hoy, cuando el precio de los fertilizantes está por las nubes”, agrega Ortega.
Perduro se utiliza principalmente para la conservación de forraje mediante corte y pastoreo ocasional, destacándose por su alta persistencia productiva y buen rendimiento forrajero, lo que garantiza un suministro continuo de alimento para el ganado, preferentemente en mezcla con ballicas de rotación.
Potenciando las alfalfas
En el caso de las alfalfas, el mejoramiento genético también ha sido permanente durante los últimos años.
Francisco Villalón comenta que las alfalfas más antiguas presentaban una serie de limitaciones: baja resistencia a plagas y enfermedades, defoliación, menor rendimiento, escasa digestibilidad y una alta exigencia de suelos de primera calidad, entre otros aspectos.
“Durante más de 70 años hemos trabajado arduamente en mejoramiento genético para desarrollar alfalfas adaptadas a diferentes climas, suelos y necesidades de los productores. El resultado es un potente portafolio de variedades con amplio rango de latencias, resistencia a plagas y enfermedades, y sistemas radiculares especiales que prosperan incluso bajo condiciones de sequía, frío extremo y suelos poco profundos”, señala.
El ejecutivo comenta que entre los materiales más destacados de Baldrich figuran 650ACB, una alfalfa de muy rápido crecimiento y excelente calidad nutricional para zonas de altas temperaturas, y 450ACB, una alfalfa “comodín” que puede sembrarse en una amplia diversidad de zonas climáticas y tipos de suelo, manteniendo excelentes niveles de producción.
“Por otro lado, la famosa 350ACB es una campeona robusta que se luce tanto en la zona central como en Tierra del Fuego”, agrega Villalón.
El INIA, por su parte, también cuenta con nuevas variedades de alfalfa cuyo principal atributo es su buen desempeño bajo condiciones de sequía. De hecho, la última variedad fue liberada al mercado en 2024 y lleva por nombre Kauke.
“Esta variedad, que comenzamos a desarrollar a partir de material proveniente de distintas partes del mundo, es capaz de producir cinco veces más que una pradera natural y persistir por más de cuatro años en zonas donde las lluvias sólo ocurren durante otoño e invierno, obligando a las plantas a sobrevivir el resto del año únicamente con el agua almacenada en el suelo”, dice Luis Inostroza, investigador en praderas de INIA Quilamapu.
El investigador comenta que una pradera natural es capaz de producir dos toneladas de materia seca por hectárea, mientras que Kauke puede alcanzar hasta 10 toneladas por hectárea al año.
“La pradera natural sigue el ciclo del agua. Entonces, cuando comienzan las lluvias en otoño, las plantas germinan y el forraje se concentra principalmente en primavera. Luego se secan y desaparecen. En el caso de la alfalfa, al tratarse de una especie permanente, cuando llegan las lluvias otoñales la planta rebrota y vuelve a crecer, extendiendo significativamente el ciclo anual de producción de forraje”, explica Inostroza.
La variedad Kauke, multiplicada y comercializada por Curimapu Semillas, ya se encuentra disponible, por lo que se espera que comience a ser sembrada por los productores durante la temporada de primavera de 2026.



















