Chile transita un punto de inflexión en su industria de semillas, el país que durante tres décadas se consolidó como proveedor confiable de multiplicación en contraestación ahora apunta a otro objetivo: transformarse en un polo de investigación, desarrollo genético e innovación biotecnológica para el hemisferio sur.
La Asociación Nacional de Productores de Semillas (ANPROS) lidera esta agenda, apoyada en activos que el sector construyó con el tiempo: diversidad agroclimática, sanidad vegetal rigurosa, trazabilidad certificada y una posición geográfica que permite producir cuando el hemisferio norte está en invierno.
El gremio exporta anualmente más de 400 millones de dólares y se mantiene entre los diez principales países exportadores de semillas del mundo, ocupando el cuarto lugar global en hortalizas y el primero en el hemisferio sur. Los envíos llegan a más de 50 países, con Norteamérica concentrando un 40% del destino, la Unión Europea cerca de un 30% y Asia escalando de un 8% a casi un 20% en los últimos años.
El segmento biotecnológico ilustra mejor esta transición hacia mayor valor agregado. En las últimas dos décadas, Chile ha exportado más de US$2.300 millones en semillas biotecnológicas, utilizadas para sembrar más de 50 millones de hectáreas en todo el mundo, una superficie que equivale a decenas de veces la siembra anual del país.
Prácticamente todos los eventos transgénicos de maíz, soya y canola que se comercializan globalmente han pasado por campos chilenos para investigación o multiplicación. El promedio anual de exportaciones físicas en este segmento asciende a US$120 millones, mientras que los servicios de I+D asociados alcanzan US$23 millones anuales, con una inversión acumulada del sector que supera los US$150 millones en tres décadas y genera más de 30.000 empleos.
El contexto de mercado favorece esta apuesta. El mercado mundial de alimentos modificados genéticamente proyecta alcanzar los US$123.400 millones en 2025 y duplicarse hacia 2035, mientras que el mercado de cultivos con edición génica —tecnología que no incorpora ADN externo— podría llegar a US$41.000 millones en 2029. Actualmente, unas 20 empresas, 15 de ellas chilenas, producen semillas transgénicas en el país, gran parte bajo contratos con agricultores locales.
Para Mario Schindler, director ejecutivo de ANPROS, la combinación de calidad y confiabilidad es lo que distingue a Chile frente a competidores emergentes en Sudáfrica, Argentina o Nueva Zelanda. El desafío, sin embargo, no es solo agronómico. La industria plantea actualizar el marco regulatorio de organismos genéticamente modificados —vigente desde 2001— y crear un instrumento jurídico específico para variedades editadas genéticamente, junto con reglas más claras de propiedad intelectual que den certeza a las compañías multinacionales que evalúan dónde localizar sus programas de mejoramiento.
La incorporación de agricultura de precisión, análisis de datos e inteligencia artificial a los programas de fitomejoramiento también empieza a acelerar los tiempos de desarrollo varietal, un factor crítico en un negocio donde cada nueva variedad tarda años en llegar a mercado. En paralelo, la participación activa de ANPROS y sus empresas socias en foros internacionales de la industria refuerza el posicionamiento del país ante delegaciones de decenas de naciones que compiten por los mismos flujos de inversión.
Si Chile logra sostener esta estrategia regulatoria y científica, el salto sería doble: consolidar su liderazgo exportador tradicional y, al mismo tiempo, ganar terreno como generador de conocimiento genético propio, dejando atrás su rol histórico de simple multiplicador para convertirse en protagonista del mejoramiento vegetal que la agricultura global necesitará frente al cambio climático.
Investigadores del CONICET están desarrollando sistemas de fertilizantes de liberación controlada diseñados para reducir las pérdidas de nutrientes, mejorar la absorción por los cultivos y apoyar una producción más sostenible.
Los investigadores del CONICET, Gonzalo Berhongaray, del Instituto de Ciencias Agropecuarias de la Costa (ICIAGRO, CONICET-UNL), y Gustavo Mendow, del Instituto de Investigación en Catálisis y Petroquímica (INCAPE, CONICET-UNL), colaboran en un proyecto que busca optimizar el uso de fertilizantes en la agricultura.
Su enfoque se centra en el desarrollo de nanocápsulas capaces de contener los nutrientes que los cultivos necesitan y liberarlos gradualmente, según un comunicado de prensa.
Esta colaboración aúna dos áreas de especialización distintas. Berhongaray se especializa en manejo de suelos, fertilidad y procesos biogeoquímicos vinculados a la producción agrícola, mientras que Mendow cuenta con amplia experiencia en nanotecnología y en el desarrollo de sistemas de encapsulación y liberación controlada.
Hace algunos años, partieron de la hipótesis de que “fertilizar mejor no significa necesariamente fertilizar más”. Los investigadores observaron que una parte significativa del fertilizante aplicado no era aprovechada por los cultivos, mientras que las pérdidas en el suelo y los costos de fertilización seguían aumentando.
Para la agricultura argentina, la pregunta era tanto técnica como estratégica: ¿cómo mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y, al mismo tiempo, reducir las pérdidas al medio ambiente?
Un enfoque de liberación controlada
La idea inicial era desarrollar sistemas nanoestructurados capaces de proteger los nutrientes, modular su liberación y mejorar su interacción con las plantas y el suelo.
“Una de las plataformas más innovadoras en este campo es el uso de nanocápsulas de fertilizante mineral cargadas con urea. A diferencia de otros sistemas de encapsulación donde la matriz actúa solo como vehículo de transporte, en este caso la nanocápsula misma constituye una fuente nutricional para la planta. La estructura mineral proporciona nutrientes gradualmente, mientras que la urea incorporada en su interior proporciona nitrógeno de forma controlada. Como resultado, se obtiene un sistema multifuncional capaz de suministrar simultáneamente tres nutrientes esenciales para el crecimiento de las plantas a partir de una sola formulación”, explica Mendow.
Según Mendow, la gran superficie específica y las propiedades fisicoquímicas de las nanocápsulas les permiten adsorber y retener nutrientes de manera eficiente, ralentizando su liberación en comparación con los fertilizantes tradicionales.
“La gran superficie específica y las propiedades fisicoquímicas de estas nanocápsulas les permiten adsorber y retener nutrientes de manera eficiente, reduciendo la velocidad de liberación en comparación con los fertilizantes tradicionales. Esto favorece una mayor permanencia de los nutrientes en la zona radicular y reduce significativamente las pérdidas por volatilización de amoníaco, lixiviación de nitratos y fijación en el suelo. La liberación gradual de nitrógeno también permite una mejor sincronización entre la disponibilidad del nutriente y la demanda del cultivo, aumentando la eficiencia del uso del nitrógeno y mejorando la rentabilidad de la fertilización,” aclara el investigador.
Los ensayos de campo llevan el trabajo más allá del laboratorio
El proyecto comenzó con el diseño de la formulación, la síntesis del material, la validación fisicoquímica y las pruebas en condiciones reales de producción.
Desde el principio, los investigadores se propusieron que el trabajo no se limitara al laboratorio. Gran parte del proyecto se ha centrado en la validación en campo de cultivos como maíz, trigo, soja y cultivos intensivos, así como en diferentes estrategias de fertilización.
Los ensayos exploraron varias preguntas clave para los cultivos: ¿se pueden reducir las dosis de fertilizante manteniendo el rendimiento? ¿Mejora la absorción de nutrientes? ¿El fertilizante se comporta de manera diferente en el suelo? ¿Qué impacto tiene en la calidad del cultivo? ¿Y cuál es el efecto económico para el productor?
A medida que surgieron los primeros resultados, el proyecto comenzó a consolidarse.
Un hito importante fue el desarrollo de tecnologías propias y la solicitud de la patente “Composición de fertilizante y su proceso de obtención”, vinculada a formulaciones nanoestructuradas para uso agrícola. El trabajo requirió la integración de conocimientos especializados en nanotecnología, química de materiales, fisiología vegetal, fertilidad del suelo, microbiología y validación agronómica a escala real.
Una plataforma con potencial de transferencia
Con el tiempo, el proyecto pasó de ser una línea de investigación experimental a una plataforma tecnológica con potencial de transferencia.
Los estudios y ensayos se desarrollaron en Santa Fe, conectando al CONICET con universidades, empresas y productores. Investigadores, becarios, estudiantes, técnicos y empresas de diferentes disciplinas contribuyeron con sus aportaciones.
Según Mendow, la gran superficie específica y las propiedades fisicoquímicas de las nanocápsulas les permiten adsorber y retener nutrientes de manera eficiente, ralentizando su liberación en comparación con los fertilizantes tradicionales.
“La gran superficie específica y las propiedades fisicoquímicas de estas nanocápsulas les permiten adsorber y retener nutrientes de manera eficiente, reduciendo la velocidad de liberación en comparación con los fertilizantes tradicionales. Esto favorece una mayor permanencia de los nutrientes en la zona radicular y reduce significativamente las pérdidas por volatilización de amoníaco, lixiviación de nitratos y fijación en el suelo. La liberación gradual de nitrógeno también permite una mejor sincronización entre la disponibilidad del nutriente y la demanda del cultivo, aumentando la eficiencia del uso del nitrógeno y mejorando la rentabilidad de la fertilización,” aclara el investigador.
Los ensayos de campo llevan el trabajo más allá del laboratorio
El proyecto comenzó con el diseño de la formulación, la síntesis del material, la validación fisicoquímica y las pruebas en condiciones reales de producción.
Desde el principio, los investigadores se propusieron que el trabajo no se limitara al laboratorio. Gran parte del proyecto se ha centrado en la validación en campos de cultivos como maíz, trigo, soja y cultivos intensivos, así como en diferentes estrategias de fertilización.
Los ensayos exploranon varias preguntas clave para los cultivos: ¿se pueden reducir las dosis de fertilizante manteniendo el rendimiento? ¿Mejora la absorción de nutrientes? ¿El fertilizante se comporta de manera diferente en el suelo? ¿Qué impacto tiene en la calidad del cultivo? ¿Y cuál es el efecto económico para el productor?
A medida que surgieron los primeros resultados, el proyecto comenzó a consolidarse.
Un hito importante fue el desarrollo de tecnologías propias y la solicitud de la patente “Composición de fertilizante y su proceso de obtención”, vinculada a formulaciones nanoestructuradas para uso agrícola. El trabajo requirió la integración de conocimientos especializados en nanotecnología, química de materiales, fisiología vegetal, fertilidad del suelo, microbiología y validación agronómica a escala real.
Una plataforma con potencial de transferencia
Con el tiempo, el proyecto pasó de ser una línea de investigación experimental a una plataforma tecnológica con potencial de transferencia.
Los estudios y ensayos se desarrollaron en Santa Fe, conectando al CONICET con universidades, empresas y productores. Investigadores, becarios, estudiantes, técnicos y empresas de diferentes disciplinas contribuyeron con sus aportaciones.
Chile quiere dar un salto estratégico en la industria semillera. Más allá de su reconocido papel como productor y exportador de semillas para mercados internacionales, el país apunta a consolidarse como un centro global de investigación, desarrollo e innovación genética, con el objetivo de atraer nuevas inversiones, impulsar el fitomejoramiento y fortalecer la competitividad de su agricultura frente a los desafíos del cambio climático.
La propuesta, impulsada por la Asociación Nacional de Productores de Semillas de Chile (ANPROS), plantea aprovechar las ventajas competitivas que el país ha construido durante décadas para avanzar hacia una industria de mayor valor agregado. Entre ellas sobresalen la producción en contraestación, la diversidad de condiciones agroclimáticas, la sanidad vegetal, la experiencia técnica de productores y empresas, y una sólida reputación internacional en calidad y trazabilidad.
El sector considera que esas fortalezas ofrecen una plataforma ideal para atraer proyectos de investigación, desarrollar nuevas variedades vegetales y ampliar la participación chilena en una actividad que hoy ocupa un lugar central dentro de la seguridad alimentaria mundial.
La creciente demanda de cultivos capaces de producir más con menos recursos también impulsa esta estrategia. Los desafíos vinculados a la escasez de agua, el aumento de las temperaturas, la degradación de los suelos y la aparición de nuevas plagas obligan a acelerar el desarrollo de materiales genéticos más eficientes y resilientes.
El fitomejoramiento frente al cambio climático
El desarrollo de nuevas variedades se ha convertido en una de las principales herramientas para responder a los cambios que enfrenta la agricultura. A través del fitomejoramiento, es posible obtener plantas con mayor tolerancia a la sequía, mejor eficiencia en el uso del agua, resistencia a enfermedades y plagas, además de un mayor potencial productivo y comercial.
En cultivos frutales, la innovación genética también permite desarrollar variedades con mejor conservación poscosecha, mayor calidad y mejores condiciones para soportar largos trayectos hacia mercados internacionales, un aspecto clave para un país fuertemente orientado a la exportación.
Chile ya participa en programas internacionales de multiplicación de semillas y producción en contraestación para compañías de distintos países. Sin embargo, desde ANPROS consideran que el siguiente paso consiste en atraer un mayor volumen de investigación científica, ampliar el desarrollo de genética local y fortalecer la colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos y organismos públicos.
Para el director ejecutivo de ANPROS, Mario Schindler, la reputación que Chile construyó durante décadas constituye un activo estratégico, aunque advierte que mantener esa posición exigirá adaptarse al ritmo de las nuevas tecnologías y a una competencia internacional cada vez más intensa.
La regulación será clave para atraer inversiones
El avance de la genética vegetal no depende únicamente del conocimiento científico. También requiere un entorno regulatorio capaz de acompañar la velocidad con la que evolucionan las nuevas tecnologías aplicadas al agro.
Desde la industria sostienen que la protección de la propiedad intelectual, reglas claras para la investigación y mayor certeza jurídica serán factores decisivos para atraer inversiones en innovación y evitar que proyectos de alto valor tecnológico se desarrollen en otros países.
A ello se suma la incorporación de herramientas como la agricultura de precisión, la inteligencia artificial, el análisis de datos y las nuevas técnicas de mejoramiento vegetal, tecnologías que están transformando la forma en que se desarrollan las variedades adaptadas a las necesidades de cada región y mercado.
Para ANPROS, la combinación entre estas innovaciones y la experiencia acumulada por la industria semillera chilena abre una oportunidad para que el país deje de ser reconocido únicamente como un multiplicador de semillas y avance hacia un rol de mayor protagonismo como generador de conocimiento, genética e innovación para la agricultura del hemisferio sur.
Si esa estrategia logra consolidarse, Chile no solo fortalecerá su posición en el comercio internacional de semillas, sino que también podría convertirse en un actor clave en el desarrollo de tecnologías capaces de mejorar la productividad agrícola, responder a los efectos del cambio climático y contribuir a una producción de alimentos más eficiente y sostenible.
El director ejecutivo de ANPROS recibió la Membresía Honoraria Vitalicia de la International Seed Federation y en esta entrevista el líder gremial analiza el rol estratégico de Chile en la producción de semillas y los desafíos de la innovación genética.
En la agricultura, pocas cosas son tan pequeñas y, al mismo tiempo, tan decisivas como una semilla. En ella se inicia la productividad de los campos, la innovación genética, la adaptación al cambio climático y buena parte de las respuestas que hoy busca el mundo frente a los desafíos de seguridad alimentaria, sostenibilidad y eficiencia productiva.
Chile ha logrado ocupar un lugar relevante en esa conversación global. Su condición de contraestación, su sanidad vegetal, sus capacidades técnicas y una industria altamente especializada han permitido que el país sea reconocido como un actor estratégico en la producción y exportación de semillas para mercados internacionales. Detrás de ese posicionamiento hay décadas de trabajo público-privado, desarrollo tecnológico, agricultores, empresas, profesionales y una institucionalidad que ha sabido construir confianza.
Uno de los rostros más relevantes de ese proceso es Mario Schindler Maggi, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores de Semillas de Chile, ANPROS, quien por más de dos décadas ha estado vinculado al fortalecimiento del sector semillero nacional y a su proyección en los principales espacios internacionales de la industria.
Su trayectoria este año acaba de alcanzar un hito histórico: fue distinguido con la Membresía Honoraria Vitalicia de la International Seed Federation, una de las máximas distinciones del sector semillero mundial y un reconocimiento reservado para líderes que han realizado contribuciones excepcionales a esta actividad.
La distinción no solo destaca una carrera personal. También pone en valor el camino recorrido por Chile como país proveedor confiable de semillas, con estándares de calidad, trazabilidad, innovación y cumplimiento fitosanitario que hoy son observados desde distintas regiones del mundo.
En un escenario donde la agricultura enfrenta estrés hídrico, nuevas exigencias ambientales, avances acelerados en biotecnología y la necesidad de producir más con menos, la semilla vuelve a ubicarse en el centro de las soluciones.
En esta entrevista con Diario Frutícola, Mario Schindler analiza el significado de este reconocimiento para Chile, las fortalezas que han consolidado al país como referente semillero, los desafíos regulatorios y tecnológicos que enfrenta la industria, y el rol que tendrán las nuevas generaciones en el futuro de una agricultura más productiva, resiliente y sostenible.
Mario Schindler recibiste la Membresía Honoraria Vitalicia de la International Seed Federation, un reconocimiento que solo han obtenido 20 personas en el mundo desde 1996. ¿Qué significa este hito para Chile y cómo refleja el posicionamiento que ha alcanzado la industria semillera chilena a nivel internacional?
Para mí, este reconocimiento tiene un significado muy profundo y lo recibo con mucha gratitud y humildad. Si bien es una distinción personal que valoro enormemente, la entiendo también como un reconocimiento al trabajo que Chile y ANPROS han desarrollado durante muchos años en la industria semillera internacional.
Chile ha construido una reputación seria y consistente. Nuestro país es reconocido por su calidad, su rigurosidad técnica, su condición de contraestación, su sanidad vegetal, su institucionalidad y la capacidad de responder a mercados altamente exigentes. Nada de eso se logra de un día para otro; es el resultado de décadas de trabajo de empresas, agricultores, profesionales, autoridades y equipos técnicos que han entendido que la semilla es una actividad estratégica para la agricultura.
Por eso, este hito habla del lugar que Chile ha alcanzado en la conversación global de semillas. Hoy somos un país escuchado, respetado y valorado en temas como comercio internacional, fitosanidad, innovación, regulación, propiedad intelectual y seguridad alimentaria. Ese posicionamiento es un activo que debemos cuidar y seguir fortaleciendo.
Chile se ha consolidado como un actor estratégico en la producción y exportación de semillas contraestación para mercados globales. Desde su experiencia, ¿cuáles han sido las principales fortalezas que han permitido al país transformarse en un referente mundial en esta industria?
Chile tiene una combinación de condiciones muy valiosa para la producción de semillas. Contamos con una ubicación geográfica privilegiada para producir en contraestación, condiciones agroclimáticas favorables, buenos suelos, disponibilidad de zonas productivas diversas y una condición sanitaria que ha sido clave para abastecer mercados exigentes.
Pero más allá de las condiciones naturales, la gran fortaleza ha sido la capacidad técnica y humana de la industria. La producción de semillas requiere precisión, cumplimiento, trazabilidad, conocimiento agronómico y mucha coordinación. En Chile se ha desarrollado una cadena altamente especializada, con empresas, agricultores, técnicos, profesionales y trabajadores que entienden la exigencia de producir semillas de calidad para mercados internacionales.
También ha sido fundamental el trabajo público-privado, especialmente con el SAG, en materias fitosanitarias, regulatorias y de comercio exterior. Esa coordinación ha permitido dar respuesta a los requerimientos de los distintos mercados y sostener la confianza internacional en Chile como proveedor serio y confiable.
Chile tiene que seguir haciendo bien lo que lo ha hecho confiable: producir semillas de calidad, cumplir a la perfección con los requisitos de los mercados y responder a tiempo.
¿Qué desafíos y oportunidades visualiza hoy para el sector frente a las nuevas exigencias productivas y ambientales que enfrenta la agricultura mundial?
La semilla es la base de la agricultura. De ella depende, en gran medida, la posibilidad de producir alimentos, mejorar los rendimientos y enfrentar condiciones cada vez más complejas, como el cambio climático o la escasez hídrica. Por eso, cuando hablamos de seguridad alimentaria, necesariamente tenemos que partir hablando de semillas.
Hoy el mundo enfrenta desafíos enormes: cambio climático, estrés hídrico, nuevas plagas y enfermedades, mayores exigencias ambientales, necesidad de producir más con menos y una demanda creciente por alimentos de calidad. En ese escenario, la industria semillera tiene una oportunidad muy importante, porque la innovación genética permite desarrollar variedades más resilientes, eficientes y adaptadas a distintas condiciones productivas.
Pero para aprovechar esa oportunidad necesitamos marcos regulatorios modernos, claros y basados en ciencia. La innovación avanza muy rápido, y los países que logren acompañar ese avance con reglas claras, protección adecuada a la propiedad intelectual vegetal, sistemas fitosanitarios eficientes y una mirada estratégica sobre la investigación y el desarrollo, van a estar mejor preparados para responder a los desafíos de la agricultura mundial.
En un contexto donde la innovación y la biotecnología avanzan rápidamente, ¿qué rol cumple la colaboración entre asociaciones internacionales, empresas y centros de investigación para acelerar el desarrollo de semillas más resilientes y sostenibles?
La colaboración es fundamental. Ningún país, empresa o institución puede enfrentar por sí solo los desafíos que hoy tiene la agricultura. La innovación en semillas requiere ciencia, inversión, experiencia productiva, regulación adecuada y conexión internacional.
Las asociaciones internacionales cumplen un rol muy importante porque permiten reunir a la industria, compartir información técnica, anticipar tendencias, abordar barreras regulatorias y generar criterios comunes en temas como fitosanidad, comercio, propiedad intelectual, nuevas técnicas de mejoramiento y sustentabilidad.
En ese sentido, ANPROS ha mantenido una participación activa en distintos espacios internacionales. Formamos parte de la International Seed Federation, pero también de la Seed Association of the Americas, SAA; de APSA, la Asia and Pacific Seed Association; de Euroseeds; y de ASTA, la American Seed Trade Association. Además, participamos en diversos grupos de trabajo internacionales donde se abordan temas técnicos y estratégicos para el desarrollo de la industria semillera.
Esa presencia no es solo institucional. Es una forma concreta de estar en las conversaciones relevantes, anticipar cambios, conocer experiencias de otros países y aportar desde la experiencia chilena. Las empresas aportan investigación, tecnología y conocimiento aplicado; los centros de investigación generan evidencia científica y desarrollo; y las asociaciones gremiales contribuimos articulando, representando y creando puentes entre el sector privado, la autoridad y los espacios internacionales.
En el caso de Chile, esta conexión es especialmente importante. Tenemos capacidades productivas, experiencia exportadora y condiciones para seguir posicionándonos como una plataforma de investigación, desarrollo e innovación en semillas. Para eso, la colaboración público-privada y la vinculación internacional seguirán siendo claves.
Durante años, ANPROS ha impulsado el fortalecimiento del sector semillero chileno. ¿Qué avances destacaría en materia de calidad, trazabilidad e innovación, y qué áreas aún requieren mayor desarrollo para mantener la competitividad del país?
La industria semillera chilena ha avanzado mucho en profesionalización, estándares de calidad, trazabilidad, cumplimiento fitosanitario, incorporación de tecnología especializada y capacidad de responder a mercados cada vez más exigentes. Hoy existe una cadena productiva mucho más especializada, con procesos técnicos rigurosos, herramientas tecnológicas aplicadas a la producción y una conciencia clara de que la confianza internacional se construye cumpliendo bien, permanentemente y en cada temporada.
También destacaría el trabajo que se ha realizado en vigilancia fitosanitaria, actualización normativa, articulación con el SAG y participación en espacios internacionales. Para una industria que depende del movimiento internacional de semillas, contar con sistemas confiables, coordinados y oportunos es fundamental.
En innovación, Chile ha construido una base importante, especialmente por su experiencia en investigación, multiplicación de semillas, producción contraestación y desarrollo técnico en distintas regiones del país. A eso se suma la innovación propia de la semilla, con variedades cada vez más adaptadas a nuevas condiciones productivas y climáticas, junto con avances en I+D, agricultura de precisión y herramientas digitales, incluida la IA, para una mejor toma de decisiones productivas.
Sin embargo, todavía hay áreas donde debemos avanzar con mayor fuerza. Necesitamos seguir modernizando la regulación, fortalecer la protección de la propiedad intelectual vegetal, facilitar el acceso a nuevas variedades, promover el uso de nuevas tecnologías y dar mayor impulso al fitomejoramiento nacional. Si queremos que Chile mantenga su competitividad, no basta con producir bien; también debemos generar condiciones para que la innovación llegue, se desarrolle y pueda expresarse en nuevas soluciones para la agricultura.
El mundo semillero se mueve rápido. Por eso, junto con cuidar lo que nos ha hecho confiables —calidad, sanidad, cumplimiento y trazabilidad—, debemos avanzar en digitalización, certeza regulatoria, innovación y formación de capacidades. Esa combinación es la que permitirá que Chile siga siendo un actor relevante en la industria semillera internacional.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las nuevas generaciones de profesionales y empresas que hoy buscan aportar al futuro de la agricultura desde la genética y las semillas?
Les diría que esta es una industria con mucho futuro y con un propósito muy concreto. Trabajar en semillas es trabajar en la base de la agricultura, en la seguridad alimentaria, en la innovación y en la capacidad de producir más y mejor frente a condiciones cada vez más desafiantes.
También les diría que esta industria exige conocimiento, responsabilidad y compromiso. La semilla parece pequeña, pero detrás de ella hay ciencia, tecnología, trabajo en terreno, agricultores, investigación, regulación, comercio internacional y una enorme cadena humana.
Chile ha logrado construir un espacio importante en la industria semillera mundial, pero ese posicionamiento no está asegurado para siempre. Hay que cuidarlo, renovarlo y proyectarlo. Las nuevas generaciones tienen un rol clave en ese camino: aportar nuevas ideas, incorporar tecnología, fortalecer la sostenibilidad y mantener la seriedad que ha hecho confiable a Chile.
El futuro de la agricultura va a depender en gran medida de la innovación en semillas. Por eso, quienes hoy se incorporan a este sector tienen una oportunidad muy valiosa: contribuir desde la genética y las semillas a una agricultura más productiva, resiliente y sostenible para Chile y para el mundo.
Por: Cindy Hicks, Comunicaciones III,
Centro de Ciencias de las Semillas de la Universidad Estatal de Iowa
Todo producto de semillas exitoso comienza mucho antes de llegar a la línea de acondicionamiento, al laboratorio de pruebas o a la sembradora del agricultor. Comienza con un obtentor que se hace una pregunta crucial: ¿Qué necesitarán los agricultores a continuación?
Para los profesionales del sector de las semillas, el éxito depende de anticiparse a la evolución de las enfermedades, la variabilidad climática, las expectativas de sostenibilidad y las demandas del mercado. El Centro Baker contribuye a ello mediante el desarrollo de las tecnologías genéticas y de mejoramiento que dan forma a los productos de semillas comerciales del futuro.
Fundado en 1999 y nombrado en honor a Raymond F. Baker, pionero en el mejoramiento genético del maíz Pioneer Hi-Bred, el Centro se construyó sobre una filosofía en la que la industria de semillas todavía confía hoy en día: combinar la ciencia rigurosa con el desarrollo práctico de cultivares.
Hoy en día, esa misión se ha convertido en un motor de innovación altamente interdisciplinario. Los investigadores integran genómica, inteligencia artificial, aprendizaje automático, mejora genética predictiva y sistemas avanzados de fenotipado para acelerar el progreso genético y obtener cultivos de mejor rendimiento con mayor rapidez.
¿Por qué te importa eso?
Porque cada mejora en la precisión de la cría ayuda a acortar el camino entre el descubrimiento y la comercialización, lo que permite a su empresa lanzar al mercado productos más sólidos con mayor confianza.
El trabajo del Centro ya está teniendo un impacto en el desarrollo de semillas en el mundo real. Los investigadores han lanzado variedades de soja con características mejoradas de rendimiento y calidad, han desarrollado líneas parentales de sorgo capaces de producir una biomasa excepcional en climas del norte y han avanzado en tecnologías de haploides duplicados que reducen drásticamente los tiempos de mejoramiento genético del maíz.
Igualmente importante, el Centro Baker y el Centro de Ciencia de Semillas de la Universidad Estatal de Iowa conforman un ecosistema integral para la innovación en semillas. El Centro Baker se enfoca en el mejoramiento genético y el desarrollo de cultivares, mientras que el Centro de Ciencia de Semillas impulsa los sistemas de calidad, análisis, tratamiento, acondicionamiento, almacenamiento y distribución de semillas.
Esa conexión es importante porque la innovación no se limita al descubrimiento de una característica superior. Un avance solo se vuelve valioso cuando funciona de manera confiable en el cultivo, en el campo y, en última instancia, para el agricultor.
La industria de las semillas también se enfrenta a otro desafío: formar a la próxima generación de profesionales capaces de desenvolverse en sistemas de mejoramiento genético cada vez más basados en datos. El profesorado del Centro Baker capacita a casi todos los estudiantes de posgrado que se especializan en mejoramiento genético vegetal en la Universidad Estatal de Iowa y fue pionero en uno de los primeros programas de maestría a distancia en mejoramiento genético vegetal del país para profesionales en activo que ya trabajan en la industria de las semillas.
Para las empresas de semillas, esto significa acceso no solo a la innovación, sino también al talento.
El futuro del mejoramiento vegetal dependerá de una mayor colaboración entre las instituciones públicas de investigación y la industria de semillas. Mediante la colaboración temprana en el proceso de investigación, a través de la evaluación del germoplasma, los sistemas de mejoramiento basados en IA, el análisis predictivo y el intercambio de datos, las empresas de semillas pueden contribuir a acelerar la distribución de variedades resistentes y de alto rendimiento a los agricultores de todo el mundo.
El próximo producto revolucionario en el sector de las semillas puede surgir de una parcela de investigación, una imagen capturada con un dron o un modelo de mejoramiento genético asistido por IA, pero su impacto se medirá en última instancia por el éxito que se logre con los agricultores.
Ante las consultas y opiniones que han surgido en torno a la consulta pública de resolución que “Establece requisitos para la comercialización de semilla corriente y deroga Resolución que indica”, iniciada el pasado 08 de junio y con cierre para el 10 de agosto de 2026, el SAG considera importante aclarar algunos aspectos importantes sobre su alcance y así evitar interpretaciones equivocadas.
¿Qué busca esta consulta pública?
El objetivo de la modificación que se puso en consulta pública es ordenar, actualizar y simplificar la normativa vigente sobre la comercialización de semilla corriente. La mayor parte de las exigencias incluidas en esta propuesta no son nuevas, ya que se encuentran vigentes desde la Resolución N.° 3.080 de 2022 e, incluso, desde el Decreto Ley N.° 1.764 de 1977. Esta propuesta busca reunir toda esa normativa en un solo texto e incorporar las actualizaciones necesarias para facilitar su comprensión, aplicación y cumplimiento.
¿Qué NO hace esta propuesta?
Es fundamental reiterar que las exigencias descritas en la norma se aplican únicamente a quienes desarrollan actividades de comercialización. Por lo tanto, no alcanzan a quienes conservan, intercambian o comparten semillas sin fines comerciales.
Esta propuesta no crea un nuevo sistema de regulación de semilla, ni tampoco regula el intercambio de semillas sin fines comerciales, por lo que no prohíbe que agricultores, comunidades o familias intercambien, compartan o conserven semillas para uso propio. Asimismo, no establece nuevas restricciones para las semillas campesinas, criollas, tradicionales o ancestrales, ni afecta las prácticas de conservación o resguardo de semillas. Tampoco modifica el régimen de propiedad intelectual vigente sobre las semillas, ni regula el uso ni el comercio de semillas transgénicas, materias que cuentan con su propia normativa.
La propuesta regula exclusivamente la comercialización de semillas corrientes, es decir, las actividades de venta, distribución y envasado realizadas con fines comerciales.
¿Por qué el SAG cree necesaria esta actualización?
Uno de los principales problemas que busca abordar esta propuesta es el cambio en la forma en que hoy se comercializan las semillas corrientes, en especial debido al crecimiento del comercio digital e informal. En este contexto, el SAG ha detectado dificultades para identificar a quienes las comercializan, lo que debilita la trazabilidad de los productos y dificulta las labores de fiscalización. Esta situación afecta el sistema de control sanitario y también a quienes adquieren semillas, al dificultar la verificación de su origen y calidad, comprometiendo la inversión de los agricultores y limitando la posibilidad de ejercer sus derechos ante eventuales incumplimientos. Asimismo, perjudica a quienes comercializan cumpliendo la normativa, al exponerlos a competencia desleal por parte de vendedores informales.
Formalización y facilidades para pequeños comerciantes de semillas
La propuesta incorpora la inscripción de comerciantes de semillas, que constituye la única exigencia nueva, con el objetivo de contar con información actualizada sobre quienes participan formalmente en este mercado, fortalecer la transparencia, facilitar la fiscalización y mejorar la trazabilidad. Este registro también busca proteger a quienes comercializan cumpliendo la normativa y a quienes adquieren semillas, permitiendo actuar oportunamente ante problemas de calidad. No se trata de una carga burocrática adicional, sino de una herramienta para ordenar un mercado con creciente informalidad, y aplica exclusivamente a quienes comercializan semillas, no a quienes las intercambian o conservan para uso propio.
La actualización busca adecuar ciertos requisitos a la realidad de quienes envasan semillas en pequeños volúmenes. El SAG reconoce la realidad de los productores que comercializan semillas en bajo volumen de producción, quienes actualmente deben cumplir las mismas exigencias que el resto de los comercializadores, independientemente de su escala de producción. Precisamente por ello la propuesta incorpora medidas de simplificación orientadas a disminuir las barreras de ingreso al mercado formal.
Por ello, se propone establecer un umbral de comercialización anual por especie (por ejemplo, 50 kilos para semillas de tamaño superior al del trigo), por debajo del cual se flexibilizarán algunos requisitos. En estos casos, quienes no cuenten con un análisis realizado por un laboratorio oficial o un tercero autorizado, actualmente exigido como regla general, podrán informar valores referenciales de germinación y pureza, conforme a la tabla incorporada en la propuesta de resolución, y quedarán exentos de presentar una muestra de referencia al momento de inscribir una variedad. Con esta medida se busca que las exigencias sean más proporcionales a la escala de venta, manteniendo los resguardos necesarios en materia de calidad y de información para quienes adquieren semillas.
En la consulta pública puede indicarse si es necesario establecer umbrales diferentes, basado en datos y la debida argumentación.
Diferencias entre la Lista de Variedades Oficialmente Descritas (LVOD) y el Registro de Variedades Protegidas
La Lista de Variedades Oficialmente Descritas (LVOD) es un listado oficial del SAG que reúne a las variedades que cuentan con una descripción varietal reconocida por el Servicio. Una descripción varietal es como el carné de identidad técnico de una variedad, ya que define las características que permiten reconocerla y distinguirla de las demás. Disponer de todas esas descripciones, permitirá resolver situaciones cuando en el comercio se detecten reclamos sobre las diferencias respecto de lo que se quería comprar y lo que se vendió.
Es importante destacar que la incorporación de una variedad de uso público a la LVOD no otorga derechos de propiedad intelectual ni exclusividad sobre su uso o restricciones de comercialización. Además, la inscripción se realiza una sola vez: si una variedad ya se encuentra incorporada en la lista, cualquier persona podrá comercializarla sin necesidad de efectuar una nueva inscripción.
Por su parte, el Registro de Variedades Protegidas (RVP) es un sistema distinto; corresponde a un procedimiento legal cuyo objetivo es probar que se cumplen las condiciones técnicas y legales para registrar una variedad como “nueva”, para otorgarle derechos de propiedad a su creador. Desarrollar una nueva variedad puede requerir muchos años de trabajo, inversiones en mejoramiento genético, ensayos de campo y evaluación de características como rendimiento, calidad, resistencia a enfermedades o adaptación climática. Cuando una variedad se encuentra en este registro, se requerirá la autorización de su titular para que pueda ser multiplicada con fines comerciales.
Entonces la lista de variedades oficialmente descritas (LVOD) sirve para consultar de manera permanente y tomar una adecuada decisión, esto es: si la variedad está inscrita en esa lista, no se debe inscribir de nuevo, y si ésta no tiene indicado explícitamente que es una variedad protegida, entonces es una variedad de uso público o libre y cualquier persona puede comercializarla.
La propuesta actualmente en consulta pública incorpora medidas para facilitar la inscripción de variedades en la LVOD mediante procedimientos simplificados, formatos alternativos para la descripción varietal y, en casos debidamente justificados, la exención de presentar muestras estándar, reduciendo así las barreras para pequeños comercializadores de semillas. Además, en este proyecto de normativa, las especies hortícolas y ornamentales se eximirán de la obligación de inscripción en la LVOD, con las excepciones allí indicadas.
Importancia de la consulta pública
El SAG también ha tomado conocimiento de las inquietudes planteadas respecto de la definición de “comercialización”. Si bien el objetivo de la propuesta es regular exclusivamente las actividades comerciales, el Servicio reconoce que la redacción de algunos artículos puede generar interpretaciones distintas a ese objetivo. Precisamente por eso existe este proceso de consulta pública: para recoger observaciones, corregir posibles ambigüedades y asegurar que el texto definitivo refleje con total claridad el propósito de la norma.
El Servicio valora el interés que este proceso ha generado y reafirma que la consulta pública es un espacio de participación abierto a toda la ciudadanía, organizaciones, productores y productoras. Todas las observaciones serán analizadas técnicamente y las respuestas serán publicadas de manera transparente.
Invitamos a quienes tengan comentarios o propuestas a participar de este proceso. El objetivo del SAG es contar con una normativa más clara, moderna y proporcional, que fortalezca la transparencia del mercado de semillas, facilite la formalización de pequeños comerciantes y entregue mayores garantías a quienes adquieren semillas, resguardando al mismo tiempo las prácticas tradicionales que no tienen fines comerciales.
El director ejecutivo de ANPROS, Mario Schindler, y el gerente ejecutivo de la asociación, Basilio Rojas, participaron en la Cuenta Pública del Ministerio de Agricultura, actividad en la que se revisaron los principales avances y desafíos del agro chileno.
Durante su presentación, el ministro abordó temas muy relevantes para el sector, como la seguridad hídrica, la adaptación al cambio climático, la modernización productiva, la competitividad internacional y el cuidado del patrimonio fito y zoosanitario del país.
En la actividad, Mario Schindler y Basilio Rojas también pudieron conversar con miembros de Pensar Agro, con quienes compartieron impresiones sobre el mensaje entregado por el ministro. En conjunto, valoraron sus palabras y el foco puesto en temas que son centrales para el desarrollo del agro nacional.
Para ANPROS, participar en este tipo de instancias es importante, porque muchos de los desafíos planteados se relacionan directamente con el trabajo de la industria semillera. En un escenario cada vez más exigente, las semillas cumplen un rol clave para avanzar hacia una agricultura más eficiente, productiva y preparada para enfrentar nuevas condiciones climáticas, sanitarias y regulatorias.
La Cuenta Pública también reforzó la importancia del trabajo conjunto entre el sector público y privado. En esa línea, ANPROS seguirá generando instancias para profundizar el diálogo y el trabajo técnico en materias como sanidad, calidad, innovación, acceso a mercados y certeza regulatoria.
Todo producto de semillas exitoso comienza mucho antes de llegar a la línea de acondicionamiento, al laboratorio de pruebas o a la sembradora del agricultor. Comienza con un obtentor que se hace una pregunta crucial: ¿Qué necesitarán los agricultores a continuación?
Para los profesionales del sector de las semillas, el éxito depende de anticiparse a la evolución de las enfermedades, la variabilidad climática, las expectativas de sostenibilidad y las demandas del mercado. El Centro Baker contribuye a ello mediante el desarrollo de las tecnologías genéticas y de mejoramiento que dan forma a los productos de semillas comerciales del futuro.
Fundado en 1999 y nombrado en honor a Raymond F. Baker, pionero en el mejoramiento genético del maíz Pioneer Hi-Bred, el Centro se construyó sobre una filosofía en la que la industria de semillas todavía confía hoy en día: combinar la ciencia rigurosa con el desarrollo práctico de cultivares.
Hoy en día, esa misión se ha convertido en un motor de innovación altamente interdisciplinario. Los investigadores integran genómica, inteligencia artificial, aprendizaje automático, mejora genética predictiva y sistemas avanzados de fenotipado para acelerar el progreso genético y obtener cultivos de mejor rendimiento con mayor rapidez.
¿Por qué te importa eso?
Porque cada mejora en la precisión de la cría ayuda a acortar el camino entre el descubrimiento y la comercialización, lo que permite a su empresa lanzar al mercado productos más sólidos con mayor confianza.
El trabajo del Centro ya está teniendo un impacto en el desarrollo de semillas en el mundo real. Los investigadores han lanzado variedades de soja con características mejoradas de rendimiento y calidad, han desarrollado líneas parentales de sorgo capaces de producir una biomasa excepcional en climas del norte y han avanzado en tecnologías de haploides duplicados que reducen drásticamente los tiempos de mejoramiento genético del maíz.
Igualmente importante, el Centro Baker y el Centro de Ciencia de Semillas de la Universidad Estatal de Iowa conforman un ecosistema integral para la innovación en semillas. El Centro Baker se enfoca en el mejoramiento genético y el desarrollo de cultivares, mientras que el Centro de Ciencia de Semillas impulsa los sistemas de calidad, análisis, tratamiento, acondicionamiento, almacenamiento y distribución de semillas.
Esa conexión es importante porque la innovación no se limita al descubrimiento de una característica superior. Un avance solo se vuelve valioso cuando funciona de manera confiable en el cultivo, en el campo y, en última instancia, para el agricultor.
La industria de las semillas también se enfrenta a otro desafío: formar a la próxima generación de profesionales capaces de desenvolverse en sistemas de mejoramiento genético cada vez más basados en datos. El profesorado del Centro Baker capacita a casi todos los estudiantes de posgrado que se especializan en mejoramiento genético vegetal en la Universidad Estatal de Iowa y fue pionero en uno de los primeros programas de maestría a distancia en mejoramiento genético vegetal del país para profesionales en activo que ya trabajan en la industria de las semillas.
Para las empresas de semillas, esto significa acceso no solo a la innovación, sino también al talento.
El futuro del mejoramiento vegetal dependerá de una mayor colaboración entre las instituciones públicas de investigación y la industria de semillas. Mediante la colaboración temprana en el proceso de investigación, a través de la evaluación del germoplasma, los sistemas de mejoramiento basados en IA, el análisis predictivo y el intercambio de datos, las empresas de semillas pueden contribuir a acelerar la distribución de variedades resistentes y de alto rendimiento a los agricultores de todo el mundo.
El próximo producto revolucionario en el sector de las semillas puede surgir de una parcela de investigación, una imagen capturada con un dron o un modelo de mejoramiento genético asistido por IA, pero su impacto se medirá en última instancia por el éxito que se logre con los agricultores.
El desarrollo de nuevas variedades impulsa la competitividad de la agricultura, pero también ha dado paso a un creciente mercado ilegal de plantas protegidas. Hoy la industria busca frenar una práctica que podría afectar el futuro del sector.
Luis Muñoz G.
Retomar la discusión de UPOV-91
Para los especialistas, los casos de propagación ilegal de genética representan una oportunidad para reabrir el debate sobre UPOV-91, la versión más reciente y exigente del Convenio de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, tratado internacional que regula los derechos de propiedad intelectual sobre las nuevas variedades vegetales.
Cabe destacar que Chile suscribió el Acta UPOV-91 como parte de sus compromisos internacionales, entre ellos el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Sin embargo, pese a que el proyecto fue aprobado por el Congreso, nunca fue promulgado ni publicado en el Diario Oficial, por lo que el país continúa rigiéndose por el Acta de 1978 para la protección de los derechos de los obtentores.
En ese contexto, Gaspar Goycoolea admierte que esta situación podría generar importantes consecuencias para la agricultura chilena.
“Lo que está ocurriendo es que muchos programas de mejoramiento genético de Estados Unidos y Europa han dejado de consideración a Chile como un destino atractivo para desarrollar e introducir nuevas variedades, porque nuestro sistema de protección no cumple con los plazos de resguardo de la propiedad intelectual que ellos exigen”, explica.
A su juicio, esta realidad también está favoreciendo una mayor concentración del acceso a la genética de punta.
“Muchas variedades están llegando a Chile a través de sistemas de clubes o de empresas de gran tamaño, por lo que quedan en manos de unos pocos y no llegan a los pequeños y medianos productores”, sostiene.
El desarrollo de nueva genética se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento de la agricultura chilena. La incorporación de nuevas variedades y portainjertos permite aumentar la productividad, adaptarse a nuevas zonas agroclimáticas, reducir costos de producción y responder de mejor manera a las exigencias de los consumidores, entre otros beneficios.
Sin embargo, este avance también ha abierto la puerta a un problema cada vez más frecuente: la propagación y comercialización ilegal de material genético protegido. En muchos casos, personas inescrupulosas multiplican y venden variedades patentadas sin autorización, especialmente aquellas de mayor éxito comercial, llegando incluso a exportar fruta a mercados internacionales.
Aunque este tipo de acciones se presenta en distintos rubros, es en el sector frutícola donde en los últimos años ha adquirido mayor visibilidad. De hecho, las autoridades han ordenado la destrucción de plantas de variedades protegidas en diversos huertos, siendo el caso de la variedad de cerezas Tip Top -comercializada internacionalmente como Skylar Rae®- el que mayor repercusión mediática ha tenido recientemente.
“Pese a que hay muy pocas hectáreas plantadas -alrededor de 250 bajo licencia-, es precisamente esta variedad donde se han concentrado la mayor cantidad de plantaciones ilegales. Eso nos ha obligado a emprender acciones que han terminado con la destrucción de viveros y huertos. Incluso algunos productores que se sintieron descubiertos optaron por eliminar sus propias plantaciones para evitar llegar a juicio”, comenta Luis Fernández, gerente de ANA Chile, empresa que representa en Chile y otros países diversas variedades de frutales mayores, entre ellas Tip Top.
Pero este no ha sido el único caso. El ejecutivo señala que en las últimas semanas también se intervino un vivero ilegal, donde fueron destruidas más de 35.000 plantas correspondientes a distintas variedades de nectarines.
Si bien la propagación ilegal de variedades ha cobrado mayor relevancia durante los últimos 15 años -como consecuencia del acelerado desarrollo del mejoramiento genético y del aumento de la oferta varietal, entre otros factores-, se trata de un problema que existe desde hace mucho tiempo.
Fernández recuerda que hace cinco años, mientras desarrollaban una iniciativa destinada a regularizar plantaciones ilegales de la variedad de manzano Rosy Glow, descubrieron la existencia de más de un millón de plantas irregulares, una cifra que superó ampliamente las estimaciones que manejaba ANA Chile.
“Lamentablemente, la propagación ilegal es mucho más común de lo que la mayoría cree”, afirma Felipe Massanés, gerente general de Univiveros, empresa cuyo portafolio de variedades y portainjertos está compuesto en aproximadamente un 70% por materiales protegidos por derechos de propiedad intelectual.
De hecho, el ejecutivo advierte que probablemente existan numerosos casos de propagación ilegal que aún no han sido detectados.
“Muchos realizan estas propagaciones en huertos pequeños o comercializan la fruta en mercados locales, como ferias libres, por lo que muchas veces resulta difícil dar con ellos”, señala Massanés.
El experto agrega que en numerosos casos las variedades involucradas corresponden a mutaciones que, a diferencia de Tip Top -una variedad muy distintiva y en manos de muy pocos productores-, no pueden rastrearse fácilmente mediante análisis genéticos.
“Eso podría ocurrir, por ejemplo, con una manzana Gala”, indica Massanés.
Más ojos
La propagación ilegal de genética ha obligado a los representantes de los distintos programas de mejoramiento presentes en Chile y a los viveros a redoblar sus esfuerzos para resguardar sus derechos y evitar que terceros se aprovechen de este trabajo.
“Los programas genéticos destinan importantes recursos al monitoreo de las superficies plantadas. Por eso, cuando un productor compra plantas a un vivero, debe entregar las coordenadas del predio donde serán establecidas, de manera que esas superficies queden georreferenciadas y bajo control. Esto permite mantener una adecuada trazabilidad y estimar cuánta fruta debería producir cada huerto. Cuando aparece un volumen mayor al esperado, inmediatamente se encienden las alarmas”, explica Felipe Massanés.
Sin embargo, en muchos casos estas medidas no son suficientes, lo que ha llevado a varios representantes de programas genéticos a fortalecer sus mecanismos de vigilancia.
Hace cinco años, por ejemplo, ANA Chile creó un departamento especializado en la protección de los derechos de los obtentores. Su labor consiste en monitorear viveros -para identificar qué materiales se ofrecen-, productores -verificando que no multipliquen plantas por sobre lo autorizado- y también algunos packing y exportadoras, con el fin de determinar qué fruta se exporta, cuál es su origen y cuántas cajas salen al mercado.
“Tratamos de identificar el origen de la fruta que no está en nuestro radar o que no aparece en los registros de quienes compraron las plantas o cuentan con un contrato para explotar una determinada variedad. Y hemos tenido resultados bastante positivos”, afirma Luis Fernández.
El ejecutivo comenta que este trabajo incluso considera, en determinados casos, el seguimiento de algunos recibidores de fruta. Gracias a esa labor, por ejemplo, lograron detectar un envío ilegal de cerezas Tip Top con destino a China.
“Tomamos una muestra de fruta en China, realizamos un análisis de ADN y lo comparamos con el perfil genético de la variedad. Gracias a eso pudimos identificar al productor y abordarlo”, sostiene Fernández.
El ejecutivo agrega que, desde la creación de este departamento, también se han encontrado con productores que optaron por “autodenunciarse” para regularizar sus plantaciones.
“A otros, en cambio, hemos debido llevarlos ante la justicia, donde hemos obtenido resultados favorables, logrando que se destruyan miles de plantas en viveros y huertos. Y todavía tenemos numerosas causas en distintas etapas de tramitación”, agrega Fernández.
Los especialistas explican que estos casos no siempre se resuelven de la misma manera. En algunas situaciones, los representantes de los programas genéticos alcanzan acuerdos directamente con los productores; en otras, intervienen organismos como el SAG y el Ministerio Público.
Gaspar Goycoolea, presidente del Grupo Hijuelas, es partidario de esta última alternativa. A su juicio, el camino correcto no es negociar con quienes infringen la ley, sino ejercer las acciones legales correspondientes y respetar los procedimientos establecidos.
“Si se descubre un huerto propagado ilegalmente, este debe ser destruido, sin darle la posibilidad al productor de pagar o regularizar la situación. Esa es la única forma de que quienes hacen estas cosas entiendan que deben respetar la propiedad intelectual”, afirma.
Educar es crucial
Más allá de los esfuerzos que puedan realizar el sector privado y las instituciones públicas, entre los representantes de los programas genéticos existe consenso en que este problema sólo podrá enfrentarse de manera efectiva cuando los productores tomen conciencia de que la propagación ilegal de variedades constituye un delito.
“Lamentablemente, esto trasciende a la agricultura y refleja una realidad que también se observa en otros ámbitos”, sostiene Gaspar Goycoolea.
A juicio de los especialistas, la solución no pasa necesariamente por endurecer las sanciones. Consideran que la destrucción de los huertos ilegales y el costo reputacional que enfrentan los infractores constituyen medidas suficientemente disuasivas. El verdadero desafío, afirman, es que la industria consolide un estándar ético en torno al respeto de la propiedad intelectual.
“Eso implica respetar las leyes y el trabajo de quienes han desarrollado una variedad”, asegura Luis Fernández.
Para Felipe Massanés, en Chile aún existe escasa cultura respecto del desarrollo de nuevas variedades y del valor de la propiedad intelectual asociada a un cultivar.
“La gente, en general, desconoce que para desarrollar una variedad exitosa pueden transcurrir 15 años de investigación, evaluaciones y ensayos. Detrás de ella existe un enorme trabajo, en el que confluyen los esfuerzos de muchas personas”, explica.
En ese sentido, aunque valora las acciones impulsadas por ANA Chile, especialmente después de que estallara el caso de la variedad Tip Top, considera que es necesario involucrar a un mayor número de instituciones, entre ellas los gremios agrícolas y organismos públicos como el SAG.
“Al final, este también es un tema de imagen país. Cuando los casos de propagación ilegal comienzan a repetirse y pasan a verse como algo normal, sin mayores consecuencias, Chile pierde atractivo para los programas de mejoramiento genético”, asegura Massanés.
De hecho, Gaspar Goycoolea sostiene que algunos de los principales desarrolladores de genética del mundo ya están privilegiando países como Brasil, México, Colombia y Perú para introducir sus nuevas variedades.
“Chile necesita tener acceso a esa genética de última generación, que es precisamente la que demanda el mercado. Si queremos mantenernos entre los principales exportadores de fruta del mundo, debemos contar con variedades de punta”, afirma.
Los especialistas agregan que una medida igualmente importante para prevenir este tipo de situaciones es que los productores adquieran sus plantas únicamente en viveros autorizados y que cuenten con el registro correspondiente del SAG.
En lo que respecta a la predicción climática, nuestra experiencia nos ha demostrado que la historia se repite. Es decir, si comprendemos bien lo sucedido en el pasado, esos eventos se volverán a repetir en el futuro. Si bien no hay dos eventos exactamente iguales, guardan suficientes similitudes como para poder extraer conclusiones importantes sobre posibles anomalías climáticas, zonas de riesgo y posibles repercusiones en los precios agrícolas, la inflación, la geopolítica y la economía agrícola.
Para la industria de semillas, las condiciones climáticas adversas que puede provocar un fenómeno de El Niño extremo pueden alterar la producción mundial de semillas. También pueden modular la demanda de semillas a medida que cambian las superficies cultivadas, a la vez que añaden un elemento de incertidumbre económica a las estructuras de precios de las semillas. Estar preparados para adaptarse a esta dinámica mundial de semillas, que cambia rápidamente, en las futuras decisiones de planificación empresarial puede marcar la diferencia a la hora de alinear las necesidades de los agricultores con los intereses de los productores de semillas.
Primero, definamos qué significa un super El Niño. Un super El Niño se produce cuando la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico central es al menos 2 °C superior a lo normal. Desde 1850, se han registrado seis super El Niño. Existen numerosas variables sincronizadas que influyen en la intensidad de las condiciones meteorológicas a nivel mundial. Tanto nuestro trabajo como los modelos de pronóstico indican que se alcanzará este umbral para el cuarto trimestre de 2026.
Se está configurando un sistema climático excepcional.
El fenómeno de El Niño extremo de 1877-1878 fue una de las peores sequías en Asia; dependiendo del país, se consideró una sequía que ocurre cada 100 a 500 años. Provocó malas cosechas generalizadas y muchas de las mayores hambrunas en estas regiones asiáticas ocurrieron durante ese evento.
Curiosamente, a pesar de los cinco años de El Niño intenso desde 1877-1878, no se han repetido los fenómenos meteorológicos extremos de aquel entonces. Si bien se han producido sequías en algunas zonas de Asia, no han alcanzado la magnitud de las de aquella época. Diversos factores inusuales hicieron que el fenómeno de 1877-1878 fuera más extremo, factores que no se manifestaron en los posteriores El Niño intensos.
¿Por qué sigue siendo importante el periodo 1877-1878?
Las reconstrucciones históricas muestran la extensa sequía que se desató en Asia durante el fenómeno de El Niño extremo de 1877-1878, un evento que a menudo se cita como una de las sequías más extendidas geográficamente de los últimos 500 años. Fuente: Atlas de Sequías de América del Norte.
Una variable importante es el dipolo del Océano Índico, que es esencialmente la diferencia de temperatura de la superficie del mar entre las aguas al oeste de la India y las aguas al este. Todos los super El Niño que han ocurrido desde 1850 han tenido dipolos positivos en el Océano Índico, donde las aguas occidentales son más cálidas que las orientales. Cuando esto sucede, generalmente aumenta el potencial de humedad para los países del oeste de Asia, como la India, lo que ayuda a mitigar al menos la mitad de Asia las peores condiciones de sequía. El super El Niño de 1877 a 1878 tuvo un dipolo del Océano Índico neutro a negativo, lo que permitió que las condiciones de sequía abarcaran todo el continente asiático. Actualmente, el dipolo del Océano Índico se encuentra en la fase negativa, y todos los indicadores y pronósticos de los modelos sugieren que se mantendrá neutro a negativo al menos durante los meses de verano.
Otro factor muy inusual que se produjo en 1877-1878 fue que la duración del pico de aguas cálidas en el Pacífico central se prolongó hasta seis meses antes de enfriarse. Desde entonces, cada super El Niño se ha mantenido en esos niveles cálidos solo durante uno o dos meses, lo que hace que tanto la persistencia de las aguas cálidas como los impactos de la sequía provocada por El Niño en Asia fueran mucho más extremos en 1877-1878. Si bien no hay forma de predecir si este super El Niño tendrá la misma duración que el de 1877-1878, lo consideraremos como una verificación o un indicador a tener en cuenta a medida que nos acercamos al pico de El Niño.
Varias señales de advertencia están parpadeando.
Otro factor que contribuye a la supresión del monzón asiático durante la temporada de cultivo de verano, además de El Niño, es la alta concentración de aerosoles de polvo de arena asiática provenientes de la Península Arábiga en la atmósfera. Este fenómeno ya se observa este año y es muy similar al de 2002, cuando se produjo un El Niño moderado. Si bien fue moderado, desencadenó una de las peores sequías en la India en 50 años. Vigilaremos esta variable muy de cerca para ver si estas concentraciones se mantienen elevadas durante los meses clave del verano.
Por último, observamos un inicio muy temprano de la temporada de tifones en el Pacífico occidental, lo que contribuye a alejar la humedad de Asia, ya que tienden a desviarse al este de Japón y adentrarse en la corriente de aire ártica. Si esta hiperactividad continúa, prevemos una mayor supresión del monzón asiático. La confluencia de varias variables, de forma similar al fenómeno de El Niño extremo de 1877-78, es una de las razones por las que la sequía que se está desarrollando en Asia, especialmente en la India, podría rivalizar con la gravedad del evento de hace 150 años.
La industria de semillas podría necesitar prepararse ahora.
Este patrón también genera fuertes teleconexiones de sequía en el centro y norte de Brasil, donde se concentra el 70% de la producción nacional de soja y maíz, entre el 15 de octubre y el 15 de mayo. Esto podría exacerbar una disminución estructural de la humedad que se ha prolongado durante 15 años, causada en parte por la deforestación del Amazonas, que debilita el flujo monzónico regional.
En los próximos 12 meses, podríamos presenciar una escasez extrema de cultivos clave como el arroz, el azúcar, el maíz, la soja y el aceite de palma. Si bien El Niño suele ser perjudicial para el cultivo en estas regiones, Norteamérica generalmente goza de un clima muy favorable para la agricultura.
Teniendo esto en cuenta, prevemos condiciones climáticas generalmente favorables para la producción norteamericana. La escasez que se está desarrollando en el extranjero también podría elevar los precios, lo que brindaría a los productores norteamericanos la oportunidad de comercializar cosechas abundantes a mejores precios. Esto podría aliviar parte de la presión financiera que los agricultores han enfrentado debido a los bajos precios de las materias primas, los altos costos de producción y las interrupciones relacionadas con el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz.
Ya sea usted productor, usuario final o esté involucrado en la industria de semillas e insumos agrícolas, los próximos 12 meses requerirán una gestión de riesgos cuidadosa. Afrontar este fenómeno excepcional e inusual de El Niño podría determinar quién prospera y quién simplemente sobrevive a los precios elevados y la posible escasez.
Como editora, y no como escritora, debo decir que me gustan mucho estos subtítulos para Seed World. Les dan a los lectores momentos para reflexionar sin alterar el análisis de Shawn.
Un nuevo enfoque científico propone transitar desde el control exclusivo del patógeno hacia la restauración de la capacidad defensiva del cultivo mediante la activación de su microbioma y rutas metabólicas clave.
El Virus del Fruto Rugoso Marrón del Tomate (ToBRFV) continúa siendo uno de los mayores desafíos fitosanitarios para la horticultura a nivel global y nacional. Ante las dificultades tradicionales para su control, la investigación científica está abriendo paso a un cambio de paradigma: en lugar de enfocarse únicamente en atacar al virus, la mirada experta se vuelca hoy hacia la restauración y potenciación de la capacidad defensiva intrínseca de la planta.
La evidencia científica detrás de la respuesta inmune
Estudios metabolómicos recientes realizados en plantas de tomate infectadas con ToBRFV han demostrado que existe una estrecha relación entre la carga viral que soporta el cultivo y la expresión de sus compuestos defensivos.
De acuerdo con la evidencia recopilada, cuando se activan los mecanismos naturales de la planta, se incrementa notablemente la presencia de metabolitos clave involucrados en la respuesta inmune vegetal, tales como:
Esteroles
Ácidos hidroxicinámicos
Aminoácidos
Ácidos orgánicos
Estos compuestos actúan de forma coordinada para limitar la replicación del virus, marcando una diferencia sustancial entre un cultivo con defensas inactivas y uno con su sistema inmune estimulado.
El papel estratégico del microbioma simbiótico
Uno de los pilares de este nuevo enfoque biológico radica en la salud del microbioma de la planta. La evidencia señala que un microbioma desequilibrado correlaciona directamente con una replicación viral sin control y un mayor daño fisiológico y productivo en los frutos.
Por el contrario, la restauración del microbioma simbiótico lograda mediante aplicaciones foliares de prebióticos específicos contribuye a equilibrar y dinamizar la microbiota del cultivo. Esto no solo limita el incremento de la carga viral al restringir su replicación, sino que promueve una mayor expresión de los compuestos defensivos ya mencionados, resultando en plantas más sanas, productivas y resilientes.
Las plantas de tomate poseen mecanismos metabólicos perfectamente capaces de responder de forma activa frente a la amenaza del ToBRFV. La clave para los productores radica en fortalecer estas estrategias biológicas mediante un manejo tridimensional:
Aplicaciones foliares de prebióticos específicos.
Equilibrio y fortalecimiento del microbioma simbiótico.
Activación directa de las rutas metabólicas de defensa natural.
Este avance científico se abre a un manejo integrado de virosis en la agricultura intensiva, ofreciendo a los productores una herramienta biológica sostenible para proteger el potencial de sus cultivos frente al Virus del Rugoso.
La International Seed Federation (ISF), organismo que reúne a la industria semillera glo= su legitimidad social y de la confianza que genera en los mercados. La propuesta, además, se acompaña de un curso e-learning, lo que confirma que el desafío no es solo cumplir, sino también formar capacidades y promover una cultura sectorial de mejora continua.
Para Chile, esta noticia abre una oportunidad concreta. Como actor relevante en la producción y exportación de semillas en el hemisferio sur, el país puede proyectarse no solo por su calidad productiva y sanitaria, sino también por su capacidad de alinearse tempranamente con los nuevos estándares globales de sostenibilidad social. Para ANPROS y sus empresas asociadas, este tipo de lineamientos ofrece una base para seguir fortaleciendo la reputación del sector, anticiparse a futuras exigencias de los mercados y consolidar a Chile como un polo semillero competitivo, moderno y responsable. La guía de ISF puede revisarse aquí: Practical Guide on Social Rights and Ethical Practices in the Seed Sector.